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Menguado crecimiento

La producción de bienes y servicios en México crece a menores ritmos que el registrado a inicios de este siglo: el crecimiento medio anual del Producto Interno Bruto (PIB) en términos reales fue de 0.7 por ciento en el bienio de Claudia Sheinbaum Pardo (CSP); de 0.8 por ciento en la gestión de Andrés Manuel López Obrador (AMLO); de 2.0 por ciento con Enrique Peña Nieto (EPN); de 1.3 por ciento durante la administración de Felipe Calderón Hinojosa (FCH) y de 1.8 por ciento con Vicente Fox Quezada. La fuente es el Sistema Nacional de Cuentas Nacionales y los meses de referencia son enero a junio de cada año. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público espera un crecimiento del PIB de 1.5 al finalizar el año (el registrado de enero-junio de 2026 fue de 1.1 por ciento respecto al periodo anterior). En otras latitudes, China espera cerrar el año en curso en 4.7 por ciento; Estados Unidos en 2.3 por ciento y Canadá en 3.3 por ciento.

El decremento del PIB por persona durante la gestión de CSP no ha sido obstáculo para elevar los ingresos laborales: las personas ocupadas crecieron 1.2 por ciento entre el segundo trimestre de 2026 con respecto al mismo periodo de 2024 y los trabajadores afiliados al IMSS aumentaron 1.8 por ciento entre enero–julio de 2026 con relación al mismo periodo de 2024.

En términos reales, entre 2024 y 2026 el salario mínimo general creció 20.3 por ciento; el salario promedio de los trabajadores (permanentes y temporales) afiliados al IMSS subió 6.4 por ciento; las remuneraciones promedio de las manufacturas, construcción y comercio registraron alzas porcentuales de 6.9, 0.9 y 3.4 respectivamente. La masa salarial aumentó, en términos reales, 4.7 por ciento entre el segundo trimestre de 2024 y el mismo trimestre de 2026, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi. Expresado en términos físicos, en 2024 con un salario mínimo general se adquirían 1.64 canastas básicas urbanas (alimentarias y no alimentarias) y en 2026, eran ya 1.9 canastas.

En los años 2025 y 2026 el presupuesto promedio de los programas sociales fue de 838 mil millones de pesos, lo que equivale a 2.3 puntos del PIB. Casi 42 millones de personas (infancias, jóvenes, adultos mayores; indígenas; afromexicanos; discapacitados; mujeres, pescadores, productores del campo, ganaderos) tuvieron acceso a una ayuda (20 mil pesos anuales) para alimentación, salud, educación, vivienda, transporte, vestido, producción y trabajo. Estas transferencias, además de los aumentos del número de personas trabajando, de los salarios reales, más otras transferencias privadas, hicieron posible mejorar la calidad de vida de una parte importante de la población, al menos de la que dispone de menores recursos económicos.

Sin reforma fiscal, el ingreso tributario se ha incrementado y ello ha compensado la caída de los ingresos petroleros; de esta manera, el total de ingresos públicos en 2026 fue de 23 puntos del PIB, el cual se proyecta como una constante para los años 2027–2032. Tal nivel de ingreso y la obcecación de mantener un déficit fiscal menor a 4 puntos del PIB contiene el gasto público en 27 puntos del PIB, insuficiente para promover un crecimiento económico superior al poblacional y lograr la cobertura de servicios de educación y salud establecidos en el Plan Nacional de Desarrollo 2024–2030.

No solo crecemos a tasas menores a la poblacional, sino que cada vez consumimos menos bienes y servicios hechos en México: la importación de bienes y servicios respecto al PIB fue de 38 por ciento con EPN; de 43 por ciento con AMLO y de 49 por ciento con CSP (2025–2026). Respecto al consumo final de bienes y servicios, el promedio en la gestión de EPN fue de 79 puntos del PIB y con CSP fue de 83 puntos; de ese aumento de 3.98 puntos del PIB, 3.96 puntos fueron del sector privado y 0.2 puntos del gobierno. Del mencionado aumento del consumo final entre las gestiones de EPN y CSP, 3.5 puntos del PIB fueron importados y solo 0.5 puntos del PIB de origen nacional.  El gobierno actual tiene otras prioridades del gasto: es eficiente, austero y probo en la administración pública, pero lo que gasta no supera los 27 puntos del PIB; de ahí que su consumo final en términos del PIB poco varíe.

Otro componente de la demanda de bienes y servicios es el consumo de equipo y maquinaria (Formación Bruta de Capital Fijo –FBCF); atendiendo a quien la consume es privada y pública y, en atención a su origen, nacional o importada. El promedio de la FBCF como porcentaje del PIB fue de 23.7 con EPN y de 22.3 con CSP; respecto al sector que hace la inversión: con EPN, 20.1 puntos del PIB fue privada y 3.6 puntos del PIB, pública; con CSP, los porcentajes respectivos del PIB fueron 19.3 y 3.0. En cuanto a la procedencia de la FBCF, con EPN, 17.4 por ciento del PIB fue nacional y 6.3 % PIB fue importada; con CSP, los respectivos porcentajes fueron 15.5 y 6.8. Tecnologías más avanzadas, sobrevaloración del peso, inexistentes aranceles, inversiones entre compañías, productividades diferenciadas, altas tasas internas de interés y tratados comerciales adversos al interés nacional confluyen para desplazar o inhibir la producción nacional no solo de bienes de consumo final, sino de equipo y maquinaria, con la concomitante pérdida de competitividad, de empleos, de capacidad productiva instalada y una mayor dependencia tecnológica, financiera y alimentaria.

Las expectativas de crecimiento son moderadas, quizá no igual o superior a 2 por ciento anual para 2027, pero sí mayor a 1.5 por ciento. Hay razones para suponerlo: la inversión extranjera directa creció 10.6 por ciento en 2025 respecto al año previo; la inversión pública para 2027 es de 3.3 puntos del PIB y la inversión pública en infraestructura para los años 2026–2030 es de 14.4 puntos del PIB (2.9 por ciento promedio anual); a la estrategia de crecimiento sustentada en el Plan México y en los Polos de desarrollo se agregan las prioridades de inversión en infraestructura de 1.4 por ciento del PIB para 2027 (nuevos trenes, carreteras y caminos, puentes y distribuidores, proyectos energético e hídrico, vivienda, sargazo); el incremento real de 3.9 por ciento del gasto público respecto al gasto estimado de 2026; menores tasas de evasión y elusión fiscal y la ampliación del número de contribuyentes con obligaciones fiscales.

Hay problemas latentes: una FBCF menor a 25 por ciento del PIB; un costo del servicio de la deuda de 4 por ciento del PIB (muy sensible a las altas tasas de interés); un sistema pensionario de 4.6 por ciento del PIB; un peso apreciado; incapacidad legal del banco central para comprar deuda pública; dependencia agroalimentaria (importación contra consumo) de 28 por ciento; un libre cambio que obstaculiza la producción manufacturera y una reglamentación muy laxa del sistema financiero. Hay estabilidad política y económica, hay credibilidad y confianza en la presidenta CSP, hay menores tasas delictivas y un generalizado rechazo a cualquier forma de intromisión del gobierno de Estados Unidos; la mula no era arisca, cuatro invasiones militares la hicieron así.

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