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Menstruación y autismo: una aproximación neurobiológica, clínica y social desde la ciencia y la experiencia vivida

Históricamente la menstruación ha sido abordada desde un marco biomédico reduccionista y androcéntrico que ha tendido a invisibilizar las experiencias de las mujeres autistas. La investigación científica en el autismo se ha centrado en la infancia, en varones y en dimensiones conductuales, relegando a un segundo plano la salud sexual y menstrual de mujeres autistas (Groenman et al., 2022; Skommer & Gunesh, 2025).

Este artículo presenta dos dimensiones complementarias: una aproximación científica a la menstruación en mujeres autistas y la incorporación explícita de experiencias en primera persona escritas por dos mujeres autistas. Esto con el fin de reconocer la experiencia vivida como una fuente legítima de conocimiento.

Menstruación, neurobiología y autismo

El ciclo menstrual implica variaciones periódicas en los niveles de estrógenos y progesterona, hormonas que modulan la plasticidad sináptica, la excitabilidad neuronal, la regulación emocional y la percepción del dolor. Estas hormonas interactúan con sistemas neurotransmisores como el gabaérgico, serotoninérgico y dopaminérgico, los cuales han sido ampliamente implicados en la neurobiología del autismo (Lever & Geurts, 2016).

Durante la fase lútea, muchas mujeres autistas experimentan una intensificación de la sensibilidad sensorial, mayor fatiga, dificultades en la autorregulación emocional, incremento de la ansiedad y una menor tolerancia a las demandas sociales (Steward et al., 2018; Ellis et al., 2025), así como dificultades para identificar de manera temprana los cambios asociados al ciclo menstrual como en experiencias de dolor intenso (Skommer & Gunesh, 2025).

Comorbilidades y salud mental

Existe una mayor prevalencia de dismenorrea y trastorno disfórico premenstrual (Obaydi & Puri, 2008; Tsuji et al., 2026). Se ha reportado una mayor frecuencia de comorbilidades ginecológicas como el síndrome de ovario poliquístico y la endometriosis, aunque estos hallazgos aún requieren estudios longitudinales más amplios para establecer relaciones causales (Ellis et al., 2025).

La salud mental no puede comprenderse de manera aislada. La acumulación de estrés social, el masking crónico, la sobrecarga sensorial y las experiencias reiteradas de invalidación médica configuran un contexto en el que se puede amplificar el agotamiento, el burnout autista y los síntomas ansioso-depresivos (Groenman et al., 2022).

Barreras estructurales en la atención en salud

La existencia de barreras en el acceso a la atención ginecológica para mujeres autistas incluyen dificultades en la comunicación clínica, minimización o desestimación del dolor, atribución de los síntomas a causas psicológicas, falta de información accesible y ausencia de adaptaciones sensoriales en los entornos de atención médica (Skommer & Gunesh, 2025).

Hacia una ciencia situada: integrar la experiencia vivida

Las experiencias de mujeres autistas permiten identificar patrones, necesidades y dimensiones del ciclo menstrual que aún no han sido capturadas por los instrumentos clínicos convencionales.

Experiencia 1. Vivir la menstruación desde un sistema nervioso autista

Karina Salcedo, mujer autista con altas capacidades. “El inicio del periodo menstrual fue para mí un proceso doloroso y traumático. A los nueve años enfrenté mi primer periodo acompañado de calambres que los médicos llamaron “dolores de crecimiento”, noches sin dormir por cólicos intensos, arcadas secas y un ciclo tan irregular que no me permitía anticiparme para evitar manchas. La escuela se convirtió en vergüenza y miedo: dejé de jugar libremente y no podía contarlo porque no era “normal” a esa edad.

“Con los años la situación mejoró por la prescripción de anticonceptivos para regular el ciclo, pero los malestares sensoriales continuaron. Cambiar la toalla, el olor imperceptible para otros, pero abrumador para mí y la sensación invasiva me incapacitaron física y emocionalmente. Probé múltiples métodos de higiene femenina, toallas sin olor, tampones, toallas ecológicas y copa menstrual, sin éxito, hasta encontrar el libre sangrado, que ha sido lo más compatible con mi hiperreactividad.

“Actualmente atravieso la perimenopausia. Los bochornos son un infierno sensorial constante. Los cambios de ánimo me llevan a la disociación y recientemente enfrenté el síndrome del hombro congelado, un dolor difícil de comprender. Hoy estoy en hiperfoco buscando alivio, desconfiando de un sistema médico que minimiza mi experiencia. Lo que más me ha ayudado ha sido un cambio radical de alimentación, ayunos prolongados e hidratación con electrolitos caseros.”

Experiencia 2. Menstruar en un mundo no diseñado para cuerpos neurodivergentes

Noemí Hernández, mujer autista con altas capacidades. “Mi periodo llegó aproximadamente a los 12 años y no fue una experiencia positiva. En ese momento no se hablaba del tema en la escuela y en mi familia tampoco se había abordado. Ver sangre salir de mi cuerpo sin explicación fue aterrador. Pasaron dos días antes de que se lo dijera a mi madre; entonces me explicó de qué se trataba, pero como algo que debía esconderse. Me enseñó a ocultar los rastros de la menstruación y a sentir vergüenza de mi cuerpo.

“Durante años cargué esa sensación. No fue sino hasta que me convertí en madre que pude resignificar mi relación con la menstruación. Comprendí que ninguna mujer debería crecer asociando su ciclo con miedo y silencio. Aprender, investigar y cambiar mi forma de pensar fue un proceso profundamente sanador. Poder hablar de la menstruación con mis hijas desde pequeñas, acompañarlas sin vergüenza y sin ocultamientos, transformó una experiencia traumática en una vivencia distinta. Escribir esto me hace recorrer un camino de miedo, dolor y vergüenza que ninguna mujer debería atravesar.”

Conclusión

La evidencia disponible con las experiencias en primera persona muestra que el ciclo menstrual no puede comprenderse únicamente como un fenómeno hormonal aislado, sino como un proceso que interactúa con un sistema nervioso autista en contextos sociales. Reconocer la menstruación como parte del curso de vida de las mujeres autistas permite ampliar la comprensión del autismo más allá de la infancia y de lo conductual, integrando la salud reproductiva y la experiencia vivida, mejorando la calidad de la investigación hacia una ciencia situada e inclusiva.

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Referencias

Ellis, R., Williams, G., Caemawr, S., Craine, M., Holloway, W., Williams, K., Shaw, S. C. K., & Grant, A. (2025). Menstruation and autism: A qualitative systematic review. Autism in Adulthood. Advance online publication. https://doi.org/10.1089/aut.2024.0307

Groenman, A. P., Torenvliet, C., Radhoe, T. A., Agelink van Rentergem, J. A., & Geurts, H. M. (2022). Menstruation and menopause in autistic adults: Periods of importance. Autism, 26(6), 1561–1572.

https://doi.org/10.1177/13623613211059721

Lever, A. G., & Geurts, H. M. (2016). Psychiatric co-occurring symptoms and disorders in young, middle-aged, and older adults with autism spectrum disorder. Journal of Autism and Developmental Disorders, 46(6), 1916–1930. https://doi.org/10.1007/s10803-016-2722-8

Obaydi, H., & Puri, B. K. (2008). Prevalence of premenstrual syndrome in autism: A prospective observer-rated study. Journal of International Medical Research, 36(2), 268–272.

Skommer, J., & Gunesh, K. (2025). Autism, menstruation and mental health: A scoping review and a call to action. Frontiers in Global Women’s Health, 6, Article 1531934. https://doi.org/10.3389/fgwh.2025.1531934

Steward, R., Crane, L., Roy, E. M., Remington, A., & Pellicano, E. (2018). “Life is much more difficult to manage during periods”: Autistic experiences of menstruation. Journal of Autism and Developmental Disorders, 48(12), 4287–4292. https://doi.org/10.1007/s10803-018-3664-0

Tsuji, R., Watanabe, K., Egawa, M., Ito, Y., Kanamori, Y., Iida, M., Nishi, D., & Sasaki, N. (2026). Association of ADHD/ASD traits with premenstrual dysphoric disorder among full-time employed women in Japan: A cross-sectional study. Journal of Psychiatric Research, 192, 371–377. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2025.10.059

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