El edificio Carolino no solo fue la sede de la administración central de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) en sus tiempos de institución crítica, democrática y popular, sino que también albergó a escuelas de enseñanza media superior y superior. Desde el siglo XVI la función central desarrollada en ese edificio ha sido la educación: religiosa por varias centurias; laica en los últimos decenios. En las emblemáticas salas Paraninfo y Barroco, los integrantes del máximo órgano de gobierno (Consejo Universitario) de la UAP definen sus directrices con base a la ley y estatuto universitario. No siempre la confrontación ha sido de ideas y proyectos; en los años de la reforma universitaria, el Carolino fue campus de práctica de tiro de fuerzas anticomunistas y de diversidad de cuerpos policiacos; azuzados, protegidos, mandatados y financiados por el clero, grupos empresariales, caciques locales, gobiernos estatales y federales, como sucedió en los años 60s y 70s.
El contexto de la reforma universitaria fue de una pletórica gesta universal por las libertades individuales, gremiales, comunales, societales e institucionales: más de medio centenar de países de África lograron su libertad; movimientos nacionalistas salieron airosos de su confrontación con el imperialismo (guerra de Vietnam de 1954-1976); triunfa la revolución en Cuba en 1959; en 1970 la Unidad Popular gana la elección presidencial con Salvador Allende; Martin Luther King encabeza la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y logra que sean reconocidos en 1964 y 1965 y el papa Pablo VI pregona el desarrollo integral y el desarrollo solidario de la humanidad en su encíclica Populorum Progressio de 1967.
En nuestro entorno inmediato, destacaron la lucha de los ferrocarrileros, los profesores y electricistas por democratizar sus sindicatos y mejorar sus salarios de 1958-1959; la de los médicos de 1964; la lucha por la tierra de Rubén Jaramillo en Guerero, continuadas posteriormente por Génaro Vázquez y Lucio Cabañas; la de los estudiantes en Sonora, Sinaloa, Nuevo León, Michoacán, Puebla y Distrito Federal, que rechazaron el autoritarismo en sus instituciones y demandaron la democratización de sus órganos de gestión. En los años 60s y 70s la demanda principal de los campesinos fue por la tierra y es común la toma de tierras en Morelos, Oaxaca, Guerrero, Tlaxcala y Puebla. En nuestra entidad, los campesinos de la Central Campesina Independiente recurrentemente hicieron tomas de tierras en Amozoc, Puebla, Juan C. Bonilla, Atlixco, Tecamachalco y San Pedro Cholula.
Los movimientos mencionados fueron reprimidos en su mayoría, sus líderes detenidos y encarcelados, las organizaciones perseguidas. Ante la ausencia de libertades de expresión y asociación y las reiteradas represiones, los estudiantes enarbolaron la defensa de las libertades constitucionales de expresión y asociación, el cese de la represión y la libertad de los presos políticos; pero no fueron los únicos que lo hicieron; en el mismo sentido se expresaron el magisterio en lucha, los electricistas de la tendencia democrática, los obreros y campesinos de organizaciones independientes y un amplio movimiento urbano popular. La confluencia de esos movimientos y un sentimiento generalizados de democratización hicieron posible el triunfo de las izquierdas en la UAP al iniciar los años 70s.
Los estudiantes democráticos de la UAP formaron comités de lucha y múltiples brigadas de difusión y se organizaron para resistir la embestida de los anticomunistas de las escuelas de Arquitectura, Química y De-recho. Algunos de los activistas universitarios solo operan intramuros; otros participaron en diversos frentes de lucha: tuvieron militancias entre los obreros automotrices, textileros y de la construcción, campesinos, comerciantes, taxistas y ganaderos. Hay quienes militaron en las Juventudes Comunistas o en el Partido Comunista Mexicano; en el Partido de los Pobres; en grupos, ligas o movimientos trotskistas, maoístas o anarquistas. Hay solidaridad entre los universitarios y los movimientos extramuros, por eso, cuando la columna independiente de obreros, campesinos y estudiantes se incorpora al desfile del 1 de mayo de 1973 y es reprimida por la policía estatal se refugia en el Carolino, donde son balaceados por francotiradores apostados en los edificios contiguos; en ese ataque fueron asesinados Enrique González Romano, estudiante de I. Química; Alfonso Calderón Moreno, profesor de la preparatoria Emiliano Zapata (EZ); José Norberto Suárez Lara, Amalia Romano Garca y Víctor Manuel Medina Cuevas, estudiantes de la preparatoria popular EZ; Víctor Rodríguez, empleado de VW; Carlos Vélez Huerta, repartidor de gas, y un púber albañil cuya identidad no es de dominio público por voluntad de sus familiares. Meses antes fueron asesinados los profesores Joel Arriaga Navarro y Enrique Cabrera Barroso y el alumno de la escuela de Derecho, Josaphat Tenorio Pacheco, crímenes que a la fecha siguen impunes.
La educación científica, crítica, laica y gratuita de la UAP se forjó a lo largo de dos decenios y requirió el concurso de muchas voces, voluntades y acciones de ideologías y praxis diversas, todas con un denominador común: libertad de pensamiento, organización, expresión y gestión.