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La percepción humana

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Introducción

 

Debido a los avances tecnológicos y las prisas para todo, hoy en día las personas tienen una cotidianidad acelerada. Sin percatarnos de los detalles de la existencia misma que día tras día dejamos de percibir. La realidad en que vivimos es solo una realidad humana, es decir, el entorno que percibimos (naturaleza) es sólo a través de nuestros  sentidos, lo cual tiene una particularidad única y humana. Los sentidos son dinámicos en el entorno del día y de la noche, donde nuestros biosensores se adaptan. Los seres vivos, en general, como plantas, todos los microorganismos, insectos, peces, vertebrados, mamíferos y todos los reinos vivos, tienen la habilidad de percibir su realidad en forma  particular,  a través de sus biosensores especializados (células especializadas), que fueron perfeccionándose a través del tiempo de evolución. Cada ser viviente tiene sus biosensores de percepción de la realidad adaptados de forma particular a su supervivencia y adaptabilidad. Entre ellos, en la raza humana, la apreciación de la realidad del entorno que nos rodea a través de nuestros sentidos son experiencias biosensoriales muy particulares; donde vivir es sentir.

Imagen tomada de https://i1.wp.com/venturegalleries.com/wp-content/uploads/2014/02/fear.jpg
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Tacto.  La piel corresponde al sentido del tacto, que reside en todo nuestro cuerpo, con el cual podemos percibir frío, calor, presión, dolor, textura, aspereza, etcétera. Además, nos protege de microorganismos, como bacterias y contaminantes externos, es elástica, regula la temperatura mediante el sudor, y elimina sales de nuestro organismo, absorbe humedad,  tiene una alta auto regeneración. La piel se divide en tres partes: la epidermis que corresponde a la capa que forma la piel externa protectora, bajo la epidermis se encuentra la dermis, y la hipodermis, la capa más profunda de la piel. Por otro lado, los corpúsculos son un conjunto de células especializadas (biosensores) de la piel; los corpúsculos de Krause son para percibir el frío; los de Ruffini perciben el calor; los de Meissner son especializadas para el tacto fino; los de Pacini detectan la presión y deformaciones de la piel con respuesta rápida; los de Merkel detectan la presión de respuesta más lenta. Gracias a los corpúsculos de Pacini y Merkel es posible levantar, sostener o arrojar objetos con la presión adecuada.

Oído. Es un biosensor de percepción remota, es decir, el sonido que colectamos con los dos oídos generalmente está a cierta distancia del sujeto que lo percibe. Los dos órganos auditivos nos ayudan a determinar la localización, movimiento y velocidad del emisor de sonido. Además, es capaz de distinguir diferentes intensidades y frecuencias acústicas. Este sentido se divide en tres partes: oído externo, oído medio y oído interno.

Olfato. El sentido del olfato está ubicado en la nariz. Es uno de los biosensores más sensibles, ya que con unas cuantas moléculas es suficiente para estimular una célula olfativa, lo que nosotros percibimos como sensación de olor. Todas las cosas que observamos y huelen es porque desprenden moléculas las cuales percibimos con el olfato. Hay olores agradables y desagradables. Generalmente todos los alimentos huelen, cuando estos tienen un olor desagradable, generalmente el alimento no es consumido.  En el entorno que habitualmente convivimos, trabajamos, dormimos, comemos, etcétera, estamos inmersos en una nube molecular de muchas substancias, la cual percibimos como olores cotidianos.

La parte interna de la nariz está formada por dos paredes: la pituitaria amarilla y la pituitaria roja o rosada. En la amarilla u olfatoria se encuentran los receptores del olfato, que envían toda la información al bulbo olfatorio, donde se recepciona el estímulo, transformándolo en impulso nervioso. La pituitaria roja o respiratoria, llena de vasos sanguíneos, ayuda a regular la temperatura del aire que entra y sale de los pulmones.

Imagen tomada de http://www.blueconemonochromacy.org/wp-content/uploads/2011/02/1_ES.jpg
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Gusto. La lengua es muy especial, es un biosensor con una capacidad de diferenciar dos moléculas. Los sabores de los alimentos que ingerimos corresponden en realidad a radicales de las substancias. Dependiendo de la terminación del radical es que puede ser salado, dulce, agrio, amargo y sus combinaciones. Cuando el alimento tiene una pequeña componente tóxica, generalmente no la ingerimos. La lengua y las encías, o cualquier tejido bucal interior, son los órganos de más rápida regeneración de nuestro cuerpo y están en simbiosis con muchas bacterias localizadas en la saliva y son parte de nuestro aliento. Las cuatro sensaciones de sabores primarios, ácido, salado, dulce y amargo, son determinadas por células especializadas conocidas como papilas gustativas ubicadas sobre la superficie interior de la boca, principalmente en la lengua, éstas actúan por contacto directo con las sustancias químicas orgánicas solubles en agua que interaccionan con los receptores de la lengua.

Visión. El sentido de la vista es originado por los dos órganos oculares que nos ayudan a percibir las imágenes y colores del entorno que nos rodea. El hecho de ver con los dos ojos nos hace percibir dos imágenes desplazadas ligeramente en forma angular, lo que nos permite percibir la tridimensionalidad. Este bioinstrumento tiene la capacidad de visualizar 24 imágenes por segundo y  tiene la capacidad de diferenciar frecuencias correspondientes al intervalo de longitudes de onda entre 400 y 700 nm, es decir, entre el color violeta y el rojo oscuro.

 

Conclusión

La realidad que percibimos en el entorno que nos rodea (naturaleza) es exclusivamente una percepción de realidad humana. Sin embargo, la interacción con las otras especies que coexisten con nosotros, es debido a las intersecciones de realidad a través de los biosensores especializados de cada una de esas especies vivientes, lo que compartimos con ellos. Es decir; un ser humano y una mascota, como un gato, podrían estar observando un mismo objeto o ser vivo, pero los sentidos sensoriales de ambas especies tienen intervalos diferentes, tanto auditivos como olfativos y visuales, por lo tanto, en un mismo evento espacio temporal, la comunicación entre el gato y el humano sólo se da por las intersecciones sensoriales de las realidades en ese lapso de tiempo y espacio.

 

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