Cosmovisión mesopotámica

Estatuillas representando distintos dioses y diosas sumerios

Estatuillas representando distintos dioses y diosas sumerios

Situada en lo que actualmente corresponde a Irak, Mesopotamia fue una de las más grandes civilizaciones de la antigüedad. Aunque poco conocida, hace casi 7 mil años se establecieron ahí las primeras ciudades, se desarrolló la primera escritura y se promulgaron las primeras leyes. En esta región, entre los ríos Tigris y Éufrates en Oriente Medio, se desarrolló la civilización sumeria 4 mil 500 años antes de nuestra era, más adelante a mediados del segundo milenio a.C. la civilización babilonia y en el siglo IX antes de nuestra era, la civilización asiria. La región más al sur de la antigua Mesopotamia era Sumeria. El nombre proviene del acadiano, un lenguaje del norte de Mesopotamia, y significa “Tierra de los Reyes Civilizados”. Los Sumerios se llamaban a sí mismos “la gente de cabeza negra” y su tierra era simplemente “la tierra” o “la tierra de la gente de cabeza negra”.

 

¿Cuál era la cosmovisión de la que puede considerarse la cuna de la civilización?

 

Estela representando a Enki, señor de todo el Universo

Estela representando a Enki, señor de todo el Universo

No existen registros de un mito único de creación del mundo. Hay que considerar además que estos mitos eran escritos en pequeñas tabletas de arcilla relativamente frágiles, y no todas han perdurado. Las tabletas eran marcadas con una pequeña herramienta en forma de cuña, de ahí el nombre de su escritura, cuneiforme. En general, los mitos de estas tres civilizaciones hablan de una diosa original y un lugar donde Tierra y Cielo vivían como uno solo hasta que fueron separados. Una primera versión del mito dice así: En el inicio solo existía la diosa Nammu (o Namma, según la traducción), el Océano Primordial, quien vivía en oscuridad total hasta que dio a luz al Universo, Anki, quien era cielo y tierra a la vez. Anki hizo al dios del aire, Enlil quien dividió al Universo en dos, haciendo de An, el dios del cielo y a Ki, la diosa de la tierra. Enlil y Ki tuvieron un hijo llamado Enki, dios del agua y señor de todo el Universo. Enki tomó un poco de agua de Nammu para crear los ríos Tigris y Éufrates, haciendo la tierra fértil y rica para poder introducir ganado en la región. Muchos dioses y diosas nacerían pronto y vivirían en grandes ciudades en la Tierra entre Dos Ríos. Mientras solo había dioses en el mundo, el trabajo duro, como excavar trincheras y la labranza, estaba a cargo de los dioses menores quienes realizaron este trabajo durante 3 mil 600 años hasta que se hartaron y se pusieron en huelga, quemaron sus herramientas y rodearon el templo de Enlil. Este se asustó de la turba encendida y pidió consejo a otros grandes dioses quienes decidieron crear una nueva raza de seres para servir a los dioses y realizar todas las labores pesadas. Esta nueva raza fue la raza humana.

Otro mito sumerio del segundo milenio, “Enki y el Orden del Mundo”, explica por qué el mundo está organizado. Enki decidió que el mundo debía ser manejado correctamente para evitar el caos. Varias deidades fueron asignadas a distintas responsabilidades incluyendo supervisar las aguas, las cosechas, las actividades de construcción, el control de la vida salvaje, el pastoreo de los animales domésticos, los cielos y la tierra. Las deidades menores se quejaron con Nammu, la madre primigenia, sobre su dura labor. Ella a su vez urgió a su hijo Enki, el Dios de la Sabiduría, a que creara un sustituto para liberar a las deidades de estas faenas. Nammu procedió a amasar un poco de arcilla, lo colocó en su vientre, y dio a luz a los primeros humanos con el fin de servir y proveer a los dioses.

Zigurat de Ur, Irak. El Zigurat era un templo en la antigua Mesopotamia construido con ladrillos de adobe formado por dife- rentes niveles generalmente de forma rectangular. En la parte superior se encontraba el lugar de culto de distintos diosas y dio- ses y se ascendía a éste a través de largas escalinatas

Zigurat de Ur, Irak. El Zigurat era un templo en la antigua Mesopotamia construido con ladrillos de adobe formado por dife- rentes niveles generalmente de forma rectangular. En la parte superior se encontraba el lugar de culto de distintos diosas y dio- ses y se ascendía a éste a través de largas escalinatas

Para los antiguos sumerios —que más tarde se conocerían junto con babilonios y asirios, como los pueblos mesopotámicos— los conceptos de orden y justicia eran de orden divino; la Ley había sido recibida como regalo de los dioses, y la Ciudad era su representación por excelencia. Este regalo se realizó a través del establecimiento de la Ciudad y de la transmisión de las Leyes necesarias para su funcionamiento. Las Ciudades-Estado, que durante más de 4 mil 500 años poblaron la Tierra entre Ríos, fueron producto de la labor civilizatoria de los dioses. Según la “Lista de Reyes Sumerios”, cuando las y los dioses dieron a los humanos los atributos necesarios para desarrollar la sociedad, lo hicieron estableciendo la ciudad de Eridu en la región de Sumeria. Aunque se sostiene que Uruk es la ciudad más antigua en el mundo, los antiguos mesopotámicos creían que la ciudad primigenia era Eridu, la cual existía mucho antes de que el orden y la civilización comenzaran. En ese sentido, Eridu es el Edén mesopotámico, el lugar de la creación. El tiempo antes de la creación se describe como la ausencia de todas las características que definían la Vida Civilizada como los mesopotámicos la entendían. De entre el mar primigenio, la primera ciudad, Eridu es concebida a través del acto divino que desata el proceso de la creación como tal. Así como los habitantes de los pantanos al sur de Irak siguen construyendo sus chozas en islas flotantes de juncos, el dios esparció lodo sobre un marco de junco que simulaba una plataforma. A partir de esta base primordial, se originaron las ciudades y sus templos. Los dioses hicieron su residencia en la Tierra y vivieron en ciudades. Como los dioses encontraban gozo en el corazón de las ciudades, las ciudades en Mesopotamia siempre fueron sagradas. El Edén de Mesopotamia no fue un jardín, sino una ciudad, formada de un pedazo de tierra seca rodeada de agua. La primera construcción fue un templo, y la especie humana fue creada para servir al Dios y al Templo. Contrariamente al Edén bíblico, de donde el ser humano fue por siempre exiliado, Eridu siguió siendo un lugar real, embebido de sacralidad pero siempre accesible. No se conoce la etimología de la palabra, pero probablemente es de origen presumerio. Los sumerios lo escribían con el símbolo NUN, que asemeja a un árbol o a un junco. La tradición de que Eridu es la ciudad más antigua data desde los primeros textos escritos al final del cuarto milenio a.C. Los restos de la misma se encuentran 24 kilómetros al sur de Ur (actualmente conocida como Tall al-Muqayyar en Irak) y el sitio arqueológico se conoce como Tell Abu Shahrain.

Actualmente la situación geopolítica ha hecho de la antigua región de Mesopotamia, un lugar asociado con dictadores, guerras y terroristas, de ahí que se hable poco de las civilizaciones de la antigua Tierra entre Ríos. Sin embargo, el (des)orden mundial actual no debe hacernos olvidar las importantísimas contribuciones que hicieron estos pueblos y que fueron transmitiéndose de una cultura a otra hasta llegar a nuestros días: las leyes, la arquitectura, la organización de las ciudades y de la vida urbana, la ingeniería para controlar y vivir en armonía con los cauces azarosos de los ríos, la astronomía, la poesía, la literatura, el sistema sexagesimal para medir el tiempo, etcétera. Más allá de su cosmovisión, es momento de que la civilización mesopotámica retome su lugar en la Historia como el origen de la misma.

 

* isaura@esfm.ipn.mx