La migración de México hacia Estados Unidos tiene una larga historia, que se remonta al siglo XIX. El primer periodo se puede situar, según Durand (2016), en 1848 cuando, con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, México pierde la mitad de su territorio y una parte de la población mexicana pasa a formar parte de los Estados Unidos. Literalmente a ellos la frontera los cruzó, quedando del otro lado de la frontera al establecerse como línea divisoria el Río Bravo. Las poblaciones se separaron, pero las familias mantuvieron vínculos familiares, económicos, culturales y una serie de redes que han mantenido una relación estrecha entre ambos lados de la frontera.
Después viene una fase que Durand (2016) llama del enganche y sitúa entre finales del siglo XIX y principios del XX y que está relacionada con la llegada del ferrocarril que unió a México con los Estados Unidos. Las empresas comienzan entonces a buscar mano de obra en nuestro país a partir de engancharlos y endeudarlos desde la comunidad de origen, para que paguen con su trabajo al llegar a los Estados Unidos. Los lugares de origen de los migrantes en aquel momento son principalmente las regiones del occidente y centro, además de los estados del norte como Chihuahua y Coahuila a partir de los vínculos con el ferrocarril y la minería.
La Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial incrementaron esta dinámica durante las primeras dos décadas del siglo XX, hasta que en Estados Unidos inicia la época de la Gran Depresión, iniciando entonces una etapa de expulsión, que llevó a la repatriación de 345 mil mexicanos entre 1929 y 1932, que equivale a 47 por ciento de mexicanos emigrados entre 1901 y 1930. (Verduzco, 2000). El migrante mexicano había pasado de ser visto como necesario para la economía del país del norte a ser considerado ahora un excedente (Durand, 2005)
Será hasta el año de 1942, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, cuando se establezca un programa que impulse la migración de mexicanos a Estados Unidos. El Programa Bracero funcionó de 1942 a 1964, movilizando aproximadamente a 4.6 millones de trabajadores en todo el periodo (Verduzco, 2000), pues tan solo entre 1954 y 1960 se llevaron en promedio 350 mil trabajadores por año (Durand, 2005). Sin embargo, el mismo Verduzco plantea que en 1941 hubo 6 mil detenciones de indocumentados, mientras que en 1954 ya se habla de 885 mil aprehendidos, lo que nos muestra un panorama del creciente movimiento de mano de obra mexicana indocumentada hacia los Estados Unidos.
En paralelo con el contexto de Estados Unidos, la economía mexicana vive el llamado milagro mexicano (1940–1970), con altas tasas de crecimiento del PIB y una fuerte expansión industrial y agrícola. Autores como Verduzco (2000) plantean que en aquel momento la migración laboral a Estados Unidos funcionó más como complemento de ingresos y estrategia de movilidad social que como válvula de escape de desempleo masivo.
La década de 1980 es el momento en que se desarrolla con mayor fuerza la migración de México a Estados Unidos. El contexto de la crisis de 1982 en México, sumado a la privatización, la apertura comercial que se desarrolló en el país entre 1982 y el año 2000, también influyeron en ese movimiento poblacional masivo que llevó a Estados Unidos a tener que establecer un plan para los millones de mexicanos que ya radicaban en aquel país, por lo que en 1986 se estableció la Immigration Reform and Control Act (IRCA) que es la Ley de Reforma y Control de la Inmigración, con la que se otorgó la amnistía a unos 2.3 millones de mexicanos dándoles residencia y ciudadanía (Verduzco, 2000).
Con la IRCA de 1986 también se establecieron una serie de sanciones para aquellos empleadores que contrataran a trabajadores indocumentados, lo que no detuvo la migración masiva, ya que para inicios de los noventa aún vivían en Estados Unidos aproximadamente 3.3 millones de indocumentados, de los que 39 por ciento eran de origen mexicano (Verduzco, 2000). Al entrar en vigor el TLCAN, el número de migrantes se dispara: de poco más de 2 millones en 1980 a 6.5 millones en 1994, manteniéndose en el entorno de 11.8–12 millones entre 2007 y 2015 (Maceda, 2018).
En este marco, Durand (2005) destaca que, a partir de los años ochenta, los estados de Michoacán, Guanajuato, Jalisco, estado de México, Puebla y Oaxaca se ubican entre los principales emisores de migrantes hacia Estados Unidos. En el caso de Puebla, se convierte en una entidad emergente en la que la emigración ha permeado en mayor o menor medida las actividades económicas, sociales, políticas y culturales de las comunidades poblanas (Maceda, 2018).
El caso de la migración en Puebla y Tlaxcala tiene un auge temporalmente similar, quizá por el vínculo estrecho que establecen las y los autores a esta región (Reyes y Reyes, 2008; D’Aubeterre, 2008). Si bien Tlaxcala tiene una amplia historia migratoria con las 400 familias en 1591 (Calderón, 2004), no es sino hasta ya entrada la década de 1980 cuando comienza a tener presencia relevante en la migración México-Estados Unidos, al igual que Puebla, aunque desde la década de 1930 (Valdés, 2001) y de 1940 (Maceda, 2018) ya se documenta presencia de habitantes de la mixteca poblana en Nueva York.
Será a partir de la década de 1980 que comienzan a establecerse con fuerza los flujos de migrantes de la región Puebla-Tlaxcala hacia lugares como California, Illinois y sobre todo Nueva York, donde incluso se ha llegado a nombrar Puebla York por la misma comunidad debido a la presencia importante de mexicanos de origen poblano que residen allá.
Referencias
Calderón Morillón, O. (2004). Migración transnacional del municipio de Hueyotlipan, Tlaxcala [Tesis de maestría]. Universidad Iberoamericana.
D’Aubeterre, M. E. (2008). Migración a Estados Unidos y estructura de los hogares en tres localidades del estado de Puebla. En M. L. Rivermar Pérez & B. L. Cordero Díaz (Coords.), El norte como destino. Circuitos migratorios Puebla–Estados Unidos (pp. 187–213). Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Durand, J. (2005). De traidores a héroes. Políticas emigratorias en un contexto de asimetría de poder. En R. Delgado Wise & B. Knerr (Eds.), Contribuciones al análisis de la migración internacional y el desarrollo regional en México (pp. 15–39). Universidad Autónoma de Zacatecas.
Durand, J. (2016). Historia mínima de la migración México–Estados Unidos. El Colegio de México.
Maceda Rodríguez, E. (2018). Las prácticas religiosas transnacionales de los migrantes de Piaxtla en Nueva York y su influencia en su comunidad de origen, Tesis de maestría, El colegio de Tlaxcala A.C.
Reyes, L. y Reyes, O. I. (2008). Análisis de la migración mexicana a Estados Unidos de la región Centro. Problemas del Desarrollo, 39(154), 179–205.
Valdés, L. M. (2001). Mexico and the United States: An uncertain future. Voices of Mexico, 56, 71-73. CISAN–UNAM.
Verduzco, G. (2000). La migración mexicana a Estados Unidos: Estructuración de una selectividad histórica. En R. Tuirán (Coord.), Migración México–Estados Unidos: Continuidad y cambios (pp. 11–32). Consejo Nacional de Población.