Ilustración: Diego Tomasini / El Dibrujo
Es septiembre y el calor se siente como si estuviéramos en mayo, además, las lluvias en algunas regiones del país cada vez son más fuertes; es curioso escuchar a diferentes personas que se quejan de lo sucedido, como sí los efectos del cambio climático fueran consecuencia de un castigo divino.
Esto nos llevó a pensar más allá de nuestro entorno o comunidad, y es que al consultar un resumen sobre el clima en lo que va de 2026, nos encontramos que se han registrado anomalías de calor extremo a nivel global, así como el rápido desarrollo e intensificación del fenómeno de El Niño en el Océano Pacífico, lo cual tiene altas probabilidades de colocarse entre los episodios más fuertes desde 1950, y hablando de fenómenos climáticos en esta ocasión nos centraremos en un tema del que todavía no se tienen con exactitud cuáles serían los efectos en su totalidad; así es, nos referimos a los refugiados climáticos. Los refugiados climáticos son grupos de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares por los efectos del cambio climático; como sequías, inundaciones, tormentas extremas, incendios forestales y el aumento del nivel del mar.
A diferencia de quienes huyen de guerras o persecuciones (protegidos por la Convención de Ginebra de 1951), para los desplazados climáticos no se cuenta con un marco jurídico internacional que garantice su protección, lo que los sitúa en una posición de vulnerabilidad extrema. Tan solo en 2022 se registraron 32,6 millones de desplazamientos, 98% de estos están relacionados con fenómenos climáticos.
Lamentablemente esta situación no afecta de manera homogénea, es decir, golpea con mayor fuerza a países o poblaciones que menos han contribuido al problema. Ante esto el Banco Mundial y la ONU han proyectado que, si no se reducen las emisiones a la atmósfera, el número de desplazados climáticos podría superar los 200 millones para la mitad del siglo XXI.
Este escenario no solo implica un desafío humanitario, sino también político, económico y ético: lo que nos lleva a hacernos la siguiente pregunta ¿cómo responder a una migración masiva causada por un fenómeno global del que todos somos responsables en distinta medida? Esto quizás lo podríamos analizar desde una perspectiva en donde la falta de reconocimiento jurídico internacional dejará a los refugiados climáticos sin acceso garantizado a: protección internacional, asistencia humanitaria estable, opciones de reubicación, así como la falta o violación de derechos básicos como vivienda, educación y salud. Por lo que, no solo en México, sino en todo el mundo se está trabajando para reducir las emisiones y frenar los efectos del calentamiento global, también se busca fortalecer los sistemas agrícolas y la gestión del agua en las zonas más vulnerables. Desde lo legal se busca reconocer y proteger a los desplazados climáticos y desde luego, hacer que los países con mayores emisiones históricas asuman un papel importante en el financiamiento a programas destinados a este tema o a la reducción de sus emisiones.
Finalmente, esta situación muestra la desigualdad de un fenómeno global, afectando principalmente a los que menos han contribuido a causarlo, por lo que es de vital importancia reconocerlos, protegerlos y actuar para reducir las causas de los desplazamientos, esto no solo es una cuestión de justicia ambiental, sino también de humanidad.
Querido lector: esto solo es una probada de lo que en pequeña o gran medida nos afecta a todos, en otra ocasión podríamos hablar de las consecuencias del calentamiento global sobre las plantas y animales el cual está afectando su supervivencia, mientras tanto, alcemos la voz por los que ya están viviendo esta situación, y sumémonos a los distintos programas para disminuir los efectos de este fenómeno en México y en el resto del mundo.