Un día en redes sociales y algo más

Ilustración: Diego Tomasini / Dibrujo

Ilustración: Diego Tomasini / Dibrujo

Esta mañana, como cada mañana, el despertador no ha fallado; son las 7:15 horas y es momento de dar un salto de la cama. Como todos los días, una nave espacial enciende con la intención de despegar; nunca lo logrará, ya que su función es calentar agua y no explorar el espacio, minutos más tarde un torrente de agua fluye por la tubería como intentando advertir el inminente desastre, la cañería. El drenaje. Una vez logrado el cometido de la limpieza corporal que la santa organización de la salud recomienda para prevenir enfermedades, pasamos de lleno a cubrir la piel con algodón, playera, pantalón, calcetas y hasta una bufanda coloco sobre mi cuerpo para mantener su tan apreciado calor corporal, 37 °C es ideal; y pensar que a menor temperatura que ésa, el Galio, elemento muy raro en la naturaleza, se funde… no sé por qué pienso y digo esto; ni que fuera de interés en este momento. Tomo mi bicicleta, casco y guantes listos, pedaleo hacia la calle principal, momento en el que nuevamente pienso en los metales de la tabla periódica y que más que un cuadro de aluminio, el de mi bicicleta, parece uno de plomo, buena subida la que se me ha puesto en frente, nuevamente desconozco el motivo, pero recuerdo la necesidad de llamar a un plomero que repare la tubería del sanitario en casa. Plomo, plomero, ¡qué importa la similitud¡ con que solucione el desperfecto estaré contento; no creo que al lector le importaría saber que debido a que los Romanos contaban con tuberías de plomo (situación que causó infinidad de muertes, por cierto), a la persona que lleva a cabo el oficio de fontanero se le llama plomero. Al llegar a la oficina llamaré al plomero. Qué bueno que ya no hay tuberías de plomo.

Por fin he llegado al sacrosanto lugar de trabajo, como todos los días enciendo un cigarrillo, lo miro pensando en lo nocivo que puede llegar a ser la combustión de tan pequeño e inofensivo vicio, algunos lo llaman con cariño, taco de cáncer, aunque nuevamente estoy seguro que al lector no le interesará mucho que mi taco de cáncer es tóxico debido al monóxido y que la nicotina es la que causa la adicción, mejor lo apagamos. Preparo un café proveniente de la Sierra Norte de Puebla, la cafeína llega a mi sistema nervioso y enciende mi día, eso último parece el final de un comercial para radio. Bueno, al preparar el tan anhelado café, enciendo mi computadora y como muchas personas antes de iniciar el día me pregunto: ¿cómo amaneció el mundo hoy? Una herramienta genial para dar respuesta a tan ambiciosa pregunta es Facebook, así que sin dudar coloco correo electrónico y contraseña para iniciar un viaje por la internet (ya quisiera el calentador del departamento por lo menos viajar virtualmente) Inicio, click por aquí, click por allá y ¡listo!, ya estamos revisando cómo amaneció el mundo, repentinamente una nota asalta mi vista “México, uno de los países más peligrosos para ser activista medioambiental”  según la ONG Global Witness en 2017 México se ubicó como uno de los países más peligrosos para activistas ambientales ocupando un “honroso” cuarto lugar, al momento, pienso sobre el problema de la inseguridad en México, miles de personas desaparecidas por defender su tierra, asesinadas por defender el agua, privadas de la vida por luchar contra la minería o algún otro proyecto que atente contra los ecosistemas en donde ellos viven, las empresas con una voracidad impresionante presentan, o manipulan mejor dicho, un sin número de políticas ambientales; no cabe duda, esto tiene que ver con política, los políticos y sus intereses; un click más y me acerco a la verdad, “Aprueban ley general de Biodiversidad en México”. Pues la cosa no anda nada bien, esa ley omite un montón de cosas en cuanto a conservación de especies, diversidad genética y sobre la conservación de ecosistemas, no se supone que las áreas naturales protegidas fueron diseñadas con ese fin, entonces, qué tiene de biodiversidad. Doy un trago a mi café al momento que recuerdo que el día anterior una noticia inundó las redes: el descubrimiento del cuerpo sin vida en Chiapa de Corzo de Adán Enrique Gómez González, quien en vida fuera biólogo dedicado al estudio de peces y crustáceos y, a quien en honor a su trabajo y vida se nombrará una especie de cangrejo (Rodriguezia adani). El terror llega a mi mente cuando pienso en el sinnúmero de personas que han perdido la vida, biólogos y ambientalistas de los cuales se sabe poco. Será que las leyes están diseñadas para preparar la mesa y que los grandes capitales devoren y se sirvan a sus anchas el bufette que para ellos representan los recursos naturales, sin importar que las personas que habitan en esos lugares y que al verse despojadas de su territorio lo defiendan y después sean masacrados por defender sus bienes naturales, a su familia, su cultura, la vida.

Ahora y después de estas noticias, doy un trago más al café, siento las piernas tan pesadas como el plomo y me siento tan frustrado; pienso en el calentador de agua; ojalá pudiera todos los días despegar quizá solo para dejar atrás tanta pena, aunque sea solamente un sueño; no pierdo nada con intentar. Después de un trago amargo y uno más de café, las noticias van mejorando, que para que no se me tache de exagerado diré que mejoró como 32 mil millones de veces… este que es el número de bases de Adenina, Guanina, Citosina y Timina (10 veces más que las del ser humano), que científicos austriacos, alemanes y mexicanos encontraron en el ADN del ajolote. Estas sí que son buenas noticias; esos ajolotes siempre sorprendiéndonos; ojalá y esto abra una puerta para su conservación así como hoy lo hace a la biomedicina. Me quito la chamarra, no sea que me pase lo que al Galio a los 28°C. Así un día en el mundo del internet. Y a ti, ¿te pasa igual?

 

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